Un tendedero semidormido se cuelga desde la ventana última del último edificio de Asturias, en el preciso momento en el que la llovizna empieza/ Dicen que dios nos mea encima, no lo sé/ Pero, La ropa se hierve al coro del llanto de las niñas aturdidas que jugaban en el jardín/ La mamá de Abdul que estaba por recoger la ropa refunfuña al vacío cielo asturiano/ Abdul, un visionario pequeñín hijo de una mujer muy querida en el pueblo, baja de su casa, coge de la cintura a una niña al azar y la lleva a los suburbios, a la primera puerta del primer edificio/ Le cuelga un cartel impermeable en el cuello que dice “Bienvenidos al hermosísimo y cálido pueblo de Asturias”/ Dios no puede decirle no a los niños, afirma y va corriendo donde su querida madre para esperar juntos el arcoíris.
domingo, 4 de julio de 2010
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