Dentro de la multitud aturdida logra estirar su mano el comediante, saludando erguido, pusilánime, atento, regalando globos de colores a los niños que los sueltan para ovacionarlo excitadamente, pero él espera el momento preciso para empezar su espectáculo. Las madres leen el periódico, los viejos toman el lonche y la policía juega al póker. Daría la impresión de que nada pasaría esa tarde de jueves en el parque principal de Asturias. Hasta que los globos de colores se empiezan a derretir arriba, arriba, en la estratosfera, y suena el plof desde la esquina de mi casa. Toda la multitud aturdida se detiene para ver el cielo multicolor que se ha creado por un reflejo extraño del contraste del atardecer asturiano y los globos derretidos que se elevaban al cielo. Yo, cojo mis lentes de leer del escritorio y salgo rápidamente de la casa a ver el espectáculo con mis hijos; el comediante estará en la entrada del parque, seguramente, rotando su mismo sombrero viejo que usa desde el verano pasado, rogando que aún haya dinero para seguir comprando globos, algo preocupado; pero feliz.
lunes, 30 de agosto de 2010
viernes, 27 de agosto de 2010
Av.Tú
Segundos corren
La avenida llena
Todos se lanzan sobre ti
Mil automóviles te rodean
Miles de segundos cantan tu canto
Hoy
El sol no se recuesta al sur
Si no, hacia donde tú te inclines
De pronto
Sacas tu rostro por la ventana
Un segundo
En silencio
Asustada, regresas
Y me cierras la nariz de golpe
Salpicas un poco de sangre en mis ojos
Saliva con tabaco
Mil murmullos apagan la luz
Nadie está
Solo muchos segundos
Danzando ebrios
Botando bocanadas de humo sobre mí
En una avenida toda tuya
Y nada mía.
La avenida llena
Todos se lanzan sobre ti
Mil automóviles te rodean
Miles de segundos cantan tu canto
Hoy
El sol no se recuesta al sur
Si no, hacia donde tú te inclines
De pronto
Sacas tu rostro por la ventana
Un segundo
En silencio
Asustada, regresas
Y me cierras la nariz de golpe
Salpicas un poco de sangre en mis ojos
Saliva con tabaco
Mil murmullos apagan la luz
Nadie está
Solo muchos segundos
Danzando ebrios
Botando bocanadas de humo sobre mí
En una avenida toda tuya
Y nada mía.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Bicicleta
Amarrada a mi torso
Está
Coqueta y metálica
Elevándose por debajo del arcoíris
Por el metro
La cordillera
Los callejones
Amarrada a mi torso
Aún
Florecen las calles
Sin amargura
Apreciando feliz
Todo verde
Los callejones más pestilentes de Lima.
Está
Coqueta y metálica
Elevándose por debajo del arcoíris
Por el metro
La cordillera
Los callejones
Amarrada a mi torso
Aún
Florecen las calles
Sin amargura
Apreciando feliz
Todo verde
Los callejones más pestilentes de Lima.
domingo, 22 de agosto de 2010
Éxodo
Algún día moriré desahuciado
Como los pececitos que chapotean en los charcos
Radiante
Emocionado
Sacristán
Como las ánimas que llegan a parar en un cielo incongruente.
Como los pececitos que chapotean en los charcos
Radiante
Emocionado
Sacristán
Como las ánimas que llegan a parar en un cielo incongruente.
miércoles, 18 de agosto de 2010
latido afluente
Soy un latido
Agudísimo, detrás
Horizontal
Que aparece
Donde cae la lluvia
Y explota contigo
Soy un latido
Tenaz alud
Fugaz
Que vuelca las rendijas
Oxidadas
Destrozadas
Soy un latido
Golpe seco
Canción frustrada
Poco adorable
Gastado
Siempre igual
Soy un latido
Cual copo de nieve
Augusto,
Hirviendo de pasión
Por caer veloz
Por sonar feliz
Soy un latido
Cúmulo de mierda
Cargada por un alma
Tamborileante
Semidesnudo
Chiflado
Soy un latido
De adentro
Silencioso
Sacristán
Que llora desaparecido
Y explota ausente
Soy un latido
Lluvia
Canción
Alma
Casi imperceptibles
Afluentes del cielo
Agudísimo, detrás
Horizontal
Que aparece
Donde cae la lluvia
Y explota contigo
Soy un latido
Tenaz alud
Fugaz
Que vuelca las rendijas
Oxidadas
Destrozadas
Soy un latido
Golpe seco
Canción frustrada
Poco adorable
Gastado
Siempre igual
Soy un latido
Cual copo de nieve
Augusto,
Hirviendo de pasión
Por caer veloz
Por sonar feliz
Soy un latido
Cúmulo de mierda
Cargada por un alma
Tamborileante
Semidesnudo
Chiflado
Soy un latido
De adentro
Silencioso
Sacristán
Que llora desaparecido
Y explota ausente
Soy un latido
Lluvia
Canción
Alma
Casi imperceptibles
Afluentes del cielo
sábado, 31 de julio de 2010
Andrea
En la mañana, mientras Rodolfo tomaba su café con tostadas francesas que le había preparado su amada, cogió el control remoto y marcó un número al azar; “el clima en Asturias muestra un friaje nunca antes visto en la historia con lluvias torrenciales, las ondas electromagnéticas que chocan con los edificios están creando pequeños torbellinos que están rondando por las zonas más transitadas de la ciudad, y ya se han confirmado la muerte de por lo menos doce asturianos por neumonía, blablablá” su amada, atenta, salta por encima de la mesa y patea el televisor hasta apagarlo, justo en el momento donde Rodolfo comenzaba a temblar por mirar a través de la ventana. Ella lo tranquiliza repitiéndole canciones al oído, pidiéndole que cierre los ojos y que la estruje contra su pecho. Lo hace, y las respiraciones se empiezan unificar lentamente. Afuera no paran de sonar estruendos terroríficos, gritos de gente, saqueos, asesinatos, como lluvia que cae sobre la cabeza de todos, lluvia de fuego, de ácido, de lagrimas blablablá, pero en la sala de ese edificio asturiano, las dos personas que vivían ahí, tenían un paraguas especial para el apocalipsis que se avecinaba. Un amor cálido que no aparecía en las noticias, pero se percibía al cerrar los ojos.
miércoles, 28 de julio de 2010
El mar asturiano
Hay gente que ha muerto sin ver el mar, sin saber lo que es chapotear en la orilla y hacer castillos de arena. Arriba, en Asturias por ejemplo, el mar subyace en los techos de calamina de las habitaciones de los pequeñitos y cuando ellos duermen, les salpica gotitas de sal en los pómulos, entonces ellos saltan de sus sueños y corren emocionadísimos a contárselos a sus padres, pero no les creen. Cuando por ejemplo estas cosas pasan, los niños mandan cartas al extranjero, a Curitiba, a Quito, a Guayaquil, a cualquier lugar donde las cosas no estén siempre al revés, y el mar sea conocido por todos. Pero por la misma ley natural de reversibilidad en Asturias, las cartas se remiten a sus propios padres, y no a la de los posibles padres adoptivos del extranjero. Ahí es cuando, totalmente frustrados y con la cabeza debajo, los pequeñines lanzan la afirmación categórica “voy a morir sin ver el mar”, hasta que sin darse cuenta ya tienen la edad de sus padres.
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